Es la frecuencia con la que me arrimo a estas máquinas infernales tan odiosas como necesarias. He estado de vacaciones con mi “partenaire” por las tierras del Sur, que nos han regalado sol, calor, sombra, descanso y buenos alimentos. Pero no ha sabido a nada. O a casi muy poco. La vuelta -impepinable- triste y dura, muy dura. Abres la puerta del piso y de repente todo lo que dejaste atrás, aunque sabiendo que era de forma no permanente y casi de espejismo sahariano, se te cae encima como pianos por los balcones, hasta dejarte aplastada y con pocos huesos en tu sitio para levantarte de nuevo.

No se puede mostrar la imagen “http://www.nataliedee.com/030805/no-job.jpg” porque contiene errores.

 

Y es que así es como me siento. La realidad -mi realidad- sigue siendo la misma jodida realidad desde hace casi un año-. La misma por la que llevo lanzando más requiebros que los cantaores flamencos. El puto curro de los cojones. Y ya no es ni siquiera por mi enajenación mental debido a una crisis euskalnoide, no. Es porque da igual que me haya apuntado a tropecientas ofertas de empleo via web, que haya tenido que cambiar y “populalizar” mi otrora divino CV conseguido con muchas fatiguitas, no. Es que no me quieren ni en MANGO. Ahívalaostia. Igual es porque me han investigado y han sabido de mi pasado cleptomaníaco. No sé. Pero la cuestión es que he bajado tanto el listón que me llega al suelo. Y allí se ha encontrado con mi moral. Y así, me temo que avancemos nada. El listón y mi moral se han hecho amigos y han pasado de mí.

No debí haberme ido de vacaciones, mejor hubiera sido quedarme aquí rumiando la manera de tirar “palante”. Empleadores del mundo, me ofrezco para cualquier tipo de empleo. Eso sí, que paguen bien, porque mis facturas empiezan ya a subir el nivel del mar.